Revista N° 64 - 2016

Actualidad Internacional

El lado oscuro de las migraciones en Europa

Por Lelio Mármora
Ex Director de la Dirección Nacional de Migraciones de la República Argentina. Ex director del Programa Latinoamericano de Cooperación Técnica en materia Migratoria (PLACMI) de la OIM. Director del Instituto de Políticas de Migraciones y Asilo de la UNTREF.

Un proceso histórico fundante que marca las características y posibles respuestas de la crisis inmigratoria más grave de la historia.

Existen tres cuestiones importantes a tener en cuenta con respecto a las migraciones en Europa. Por un lado, el proceso histórico en el que se inscriben, ya que no podemos comprender estas migraciones si no sabemos de dónde vienen y cuál es el proceso por el que se han generado. Por otra parte, las características asociadas a este fenómeno. Y en tercer lugar, las causas y posibles respuestas frente a estas migraciones.

En cuanto al proceso histórico, no se puede olvidar la injerencia que Europa ha tenido en estos países que son origen de las migraciones. Por un lado, la ocupación colonialista que impuso fronteras encima de las históricas formas de cultura y sociedades existentes. Por otro, un pos-colonialismo que apoyó y sigue protegiendo a regímenes corruptos en muchos lugares. Más recientemente, intervenciones en países como Irak, con la ocupación y destrucción de instituciones con falsas excusas sobre la tenencia de armas de destrucción masiva; los bombardeos de la aviación francesa a la cual se le unieron el Reino Unido, España y Dinamarca, en la famosa Odisea del Amanecer, que determinó la caída de Kadafi y el inicio del caos en Libia; y la venta de aviones de combate de última generación a Arabia Saudita, Emiratos Árabes, Jordania y Egipto que ha avivado las guerras en la región.

La solidaridad entre los países comprometidos a respetar el derecho de asilo y una integración libre del tránsito de personas, parecería estar tambaleando.

Ninguno de estos hechos de injerencia occidental debe ser ignorado si se trata de entender la proliferación de guerras sectarias o raciales que se han dado en esta zona, lo que conlleva al incremento del fundamentalismo religioso y la perpetuación de estas dictaduras. No se puede desligar de esta realidad la expulsión masiva de todos aquellos que están tratando de salvar su vida.

Como si todo esto fuera producto de una explosión inesperada, Europa parecería sólo mirar qué respuesta va a dar a las hordas de inmigrantes que intentan desembarcar en sus costas. Se discute si se van a bombardear las embarcaciones en sus puertos de origen, si se incrementa la vigilancia para detenerlas en el agua del mar y luego encerrar a los inmigrantes en centros de detención, o qué cuotas se pueden acordar, que son ínfimas en relación a la magnitud de las demandas de refugio. En este caso se podría decir que la solidaridad entre los países comprometidos a respetar el derecho de asilo y una integración libre del tránsito de personas, parecería estar tambaleando.

Al mismo tiempo, tenemos algo muy importante como el llamado mercado de las migraciones. Su santidad, el papa Francisco, ha señalado muy claramente la existencia de los negocios y sus consecuencias: El negocio de la industria armamentista que compensa la disminución de ventas por las políticas de Obama de retiro de las tropas de Irak y de Afganistán. El negocio de las compañías petroleras que compran a mitad de precio el petróleo en los territorios ocupados por ISIS. El negocio de la trata de personas que, hace una década, era de diez mil millones de dólares anuales y hoy ha pasado a ser de treinta mil millones anuales. El negocio de la construcción de muros y vallas fronterizas; hoy tenemos dieciocho mil kilómetros de muros en todo el mundo. El negocio de las milicias privadas, que han participado en distintos conflictos, como guardias de compañías o apoyo a ciertos gobiernos, fundamentalmente basado en Gran Bretaña y que le rinden un beneficio de cincuenta mil millones de dólares anuales. El negocio de las agencias de seguridad, por ejemplo la agencia Indra, que desde 2004 vigila el estrecho de Gibraltar y consigue alrededor de trescientos millones de euros anuales. El negocio del sistema autónomo de vigilancia, un proyecto de balizas flotantes, cámaras infrarrojas y micrófonos, donde solamente el costo de elaborar el proyecto fue de cinco millones de euros. El negocio de los aviones no tripulados, drones, que están plantados para controlar fronteras de Europa y se calcula que en los próximos diez años van a costar seis mil millones de euros. El negocio de los campos de detención de los migrantes, que si bien en Europa no son privados como en Estados Unidos, sí lo son los servicios de alimentación, limpieza, etcétera. Cuanto más tiempo la gente esté en los campos de detención, más negocio es. En Estados Unidos, las ganancias anuales de estos centros de detención, que están concentrados en tres compañías, son de aproximadamente cinco mil millones de dólares anuales. Por último, el negocio de las deportaciones, que solamente en el caso de Estados Unidos durante los últimos cuatro años, dio una ganancia de veinte mil millones de dólares.

El derecho a no tener que migrar debe ser tomado en cuenta como elemento fundamental. Lo importante es que la gente se pueda quedar donde está y no tenga necesidad de migrar.

El problema es cómo son recibidos los migrantes en Europa y cuál es el impacto que tienen en esa sociedad. Hay un rechazo que, en el caso de Alemania, llevó al incremento de manifestaciones e incendios en albergues de iglesias católicas y protestantes. En el Reino Unido, a ataques a personas de origen polaco. En Grecia a la violencia racial contra originarios de Bangladesh y Afganistán. Así podemos tener varios casos que leemos todos los días y representan una respuesta muy peligrosa. Además, incrementa el discurso de partidos políticos nacionalistas y xenófobos. Hay una institucionalización del prejuicio en el Frente Nacional en Francia, en la Liga del Norte de Italia, en Alternativa para Alemania, en el neonazi antisemita Amanecer Dorado en Grecia, etcétera. Ángela Merkel tuvo una actitud muy importante con respecto a la recepción de inmigrantes y se encontró después con que en las elecciones le fue muy mal en función de la incidencia que tiene la xenofobia dentro de los partidos políticos de su país.

Por otra parte, tenemos que plantear la otra cara de la cuestión, se acaba de instalar un corredor humanitario en Italia, que es muy importante para los migrantes. En las últimas marchas de París, uno de los temas que planteaban los manifestantes era la necesidad de apertura de Europa a los migrantes. En este escenario las respuestas securitistas no parecerían servir para solucionar el problema, sino que producirían efectos negativos. Se necesitaría otro tipo de acciones, el derecho a no tener que migrar que debe ser tomado en cuenta como elemento fundamental. Lo importante es que la gente se pueda quedar donde está y no tenga necesidad de migrar. Gran parte de ellos no lo hacen porque quieren sino porque están obligados a hacerlo.

También es imprescindible una acción con respecto al incremento de la xenofobia racista, cada vez más presente en las sociedades europeas. Esto es importante porque muchas veces los europeos parecen olvidar que en 1945 había cuarenta millones de europeos buscando refugio y lo consiguieron. La memoria histórica es importante en este sentido.

Por último desde las políticas públicas, es necesario un replanteo de las políticas de integración de los migrantes y sus descendientes. La canciller Merkel planteaba hace unos años el fracaso del multiculturalismo en el caso de su país y nos encontramos que hablando de los terroristas, la mayoría de ellos que cometieron estos delitos en Europa, eran europeos descendientes de migrantes. Ésta es otra cuestión fundamental y, en ese sentido, es importante romper el círculo vicioso compuesto por un discurso de fraternidad, igualdad y libertad, por un lado, y por las dificultades, concretas y objetivas, de integración laboral y espacial de los migrantes y sus descendientes, por otro. Esto genera inevitablemente un resentimiento que se va anidando dentro de estas sociedades y que, en algunos casos extremos, se transforma en fundamentalismos religiosos, caldo de cultivo del terrorismo. Es fundamental saber qué van a hacer los países europeos con esos seis millones de migrantes irregulares que tienen en este momento y que demuestran que la gestión está fallando. Hoy tenemos la mayor cantidad de migrantes irregulares de la historia de la humanidad. Es el gran fracaso de las políticas de migraciones securitistas que se han aplicado. Hay que tomar conciencia con respecto a esta cuestión y a la cuestión de la aceptación del otro.

Quiero referirme a la Argentina, muchos de nosotros somos hijos o nietos de migrantes europeos. En este país nos encontramos con la posibilidad, gracias a nuestro mestizaje cultural y a las políticas que se llevaron adelante desde fines del siglo XIX y principios del XX, a la enseñanza laica y gratuita, y al servicio militar, de compartir espacios comunes y sentirnos básicamente parte de una sociedad, más allá de nuestros orígenes, religión o etnia. Además, nos posibilitaron mezclarnos y entendernos. En ese sentido, la aceptación del otro, con sus diferencias, pero incluidos en una única matriz respecto a igualdad de oportunidades, es la deuda pendiente que aún no han podido saldar las sociedades europeas.

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