Artículo online - Publicado el 18-09-26
América LatinaLo que parecía un sueño, hoy es un principio de realidad. El pasado 16 de julio, Brasil y Paraguay completaron la unión física del Puente de la Bioceánica, obra central en la construcción del Corredor Bioceánico de Capricornio, que permitirá conectar los puertos del Atlántico con el Pacífico, ahorrando tiempo y costos para las exportaciones del Mercosur hacia Asia. Pero el gobierno argentino, con una política exterior supeditada a los intereses de Estados Unidos, no está asumiendo con responsabilidad su participación en las obras, corriendo el riesgo de perder una oportunidad histórica para la integración suramericana.
América Latina es un territorio inmenso, con una vegetación exuberante, bosques tupidos, selvas salvajes, ríos tempestuosos y montañas majestuosas. Conquistadas por europeos, su primera mirada fue hacia la madre patria. La relación colonia-metrópoli se sacudió con los movimientos independentistas, pero sus resabios continuaron mucho tiempo y la rebeldía de sus clases intelectuales adoptó en sus inicios aires europeizantes, a menudo afrancesados o británicos. Como fuere, la gesta de los grandes libertadores, San Martín y Bolívar, dirigió la primera señal introspectiva hacia la importancia de una integración regional de nuestro continente.
Costó bastante, pero de a poco se fue entendiendo la importancia de mirar puertas adentro de nosotros mismos. El Mercosur fue uno de los pasos más serios en dirección a fomentar nuestra vinculación cultural, económica y comercial. Entendimos que los grandes conglomerados mundiales de negocios exigían la estructuración de un mercado latinoamericano fuerte para poder subsistir.
Se detectó entonces la necesidad de ampliar nuestras vías de comunicación de todo tipo para consolidar una verdadera integración; real, no declamatoria. El Corredor Bioceánico de Capricornio es una de esas iniciativas, quizás la más adelantada actualmente en los hechos.
La idea es unir los océanos Atlántico y Pacífico, los puertos de Santos en Brasil con los de Antofagasta, Mejillones, Tocopilla e Iquique en Chile, para fomentar el comercio regional, consolidar el intercambio cultural entre nuestros pueblos y posibilitar la comercialización de nuestros productos exportables a los mercados de India y China en menos tiempo (unos quince días menos) y con una reducción del 30% en los costos operativos.
Lo que fue un sueño de cuatro países latinoamericanos (Brasil, Paraguay, Argentina y Chile), hoy es ya un principio de realidad.
El pasado 16 de julio, con financiamiento binacional obtenido de las rentas de la presa de Itaipú, Brasil y Paraguay construyeron e inauguraron el Puente de la Bioceánica que une Puerto Murtinho, en los confines del Mato Grosso, en la zona del Gran Pantanal, con la localidad de Carmelo Peralta, a 716 kilómetros de Asunción, en pleno Pantanal chaqueño. En paralelo, Brasil acondiciona sus rutas internas, mientras que Paraguay avanza a toda velocidad con la pavimentación de las rutas dentro de su territorio hasta llegar a Pozo Hondo, en el límite con la ciudad argentina de Misión La Paz. Son 270 km de asfalto nuevo en jurisdicción paraguaya.
Chile, por su parte, acondiciona sus puertos y su infraestructura para recibir los nuevos flujos de carga. Se están mejorando cinco puestos fronterizos y se han formalizado acuerdos para simplificar tramitaciones aduaneras, dando agilidad y eficiencia al transporte de productos.
La obra total habla de unos 2.500 km de caminos asfaltados (con unos 1.000 km más de conexiones secundarias posibles), dos puentes internacionales, cinco pasos aduaneros, cuatro puertos en el Pacífico y uno en el Atlántico, más el cruce de la cordillera de los Andes por los pasos de Sico y de Jama. Un portento de infraestructura consensuada entre cuatro gobiernos nacionales y ocho gobiernos subnacionales, con toda la dificultad que implica lograr consensos entre todos los intereses convergentes.
No todos los actores están asumiendo con idéntica seriedad las responsabilidades a su cargo. Argentina, cuya política exterior está supeditada a una obsecuente adhesión a los intereses de Donald Trump y Benjamin Netanyahu, está dando la espalda a este proyecto latinoamericanista. Milei no mira a sus pares de la región y desprecia todo lo que implique obra pública.
¿Consecuencias de esta actitud? Argentina ha pasado ha ser “el eslabón perdido del Corredor Bioceánico”, al decir del periodista Marcelo Berenstein. En territorio argentino hay 160 km de ruta en muy mal estado, unos 24 km de ripio en estado de abandono y peligros ante la falta de construcción de defensas en las cercanías del Río Bermejo. “Una crecida más y nos quedamos sin camino”, dicen los lugareños.
Apremiado por sus propias necesidades, Santiago Nieto, presidente de Paraguay ha anunciado en abril de este año que su país se hará cargo unilateralmente de construir el puente entre Pozo Hondo y Misión La Paz. Sí, tal como lo está usted leyendo, Paraguay afrontará con recursos propios la construcción de un puente binacional al ver la poca predisposición de su par argentino por participar de los trabajos.
Las fuerzas vivas de Salta se han agrupado y reclaman a viva voz los trabajos necesarios para integrar su territorio a este ambicioso proyecto que, según estimaciones provisorias implicaría movilizar unas 8,6 millones de toneladas de carga exportable por año, por un valor anual aproximado a los 3.000 millones de dólares y a un costo de logística reducido entre un 30 y un 40 por ciento comparado con las rutas marítimas tradicionales.
Pero una obra de esta envergadura no puede medirse solo en términos económicos. Existe un valor no mensurable de integración cultural que por sí mismo la hace digno de consideración. Ese intercambio es la antesala de nuevas actividades que aún no se vislumbran, pero que son el resultado inevitable de la vinculación fluida entre las comunidades.
Que el gobierno argentino no esté tomando cartas en el asunto es un pecado peligroso. El estado actual de un mundo envuelto en un nivel de graves conflictos que incluyen guerras armadas, exige reforzar los vínculos con los países cercanos, con los que compartimos las raíces mismas de nuestra idiosincrasia esencial.
La dirigencia empresarial del norte argentino tiene que elevar su reclamo para que el gobierno nacional tome de inmediato las medidas pertinentes para integrarnos con efectividad al Corredor Bioceánico de Capricornio.
Tenemos que recordar siempre que un país requiere para su desarrollo armónico el acceso barato y en tiempo y forma de sus productos exportables a los mercados más populosos y distantes del mundo. No dejemos que un gobierno imbuido de un necio y exagerado dogmatismo promercado nos prive de hermanarnos con los pueblos con los que compartimos las más profundas raíces culturales y afectivas.