Artículo online - Publicado el 16-09-25

Actualidad Internacional

CHINA ANTE ESTADOS UNIDOS

Por Sergio Cesarin
Coordinador del Centro de Estudios sobre Asia del Pacífico e India (CEAPI, UNTREF) – CONICET.

Mientras asistimos al progresivo desmantelamiento del orden internacional de posguerra, los llamados a un multilateralismo activo que permita encauzar las graves amenazas globales que enfrenta la humanidad caen en el vació ante las crecientes tensiones geopolíticas, comerciales, financieras y militares, y el auge de conflictos bélicos cuya solución no se avizora en el corto plazo. En el epicentro de todas estas tensiones se encuentra el enfrentamiento estratégico entre China y Estados Unidos, que se dirime en múltiples frentes. Pero, un análisis de esta disputa, debe necesariamente tener en cuenta que la China actual es más resiliente y asertiva frente a las presiones externas.

“El mundo se ha desplazado hacia un período de transición en dirección a la multipolaridad, desde la desintegración de la estructura bipolar. La gente había esperado que el final de la Guerra Fría trajera consigo paz y prosperidad al mundo. En realidad, ahora hay mejores perspectivas de evitar una nueva guerra mundial y de asegurar una paz duradera. No obstante, las contradicciones que estaban latentes durante la Guerra Fría comenzaron a emerger y las manifestaciones de voluntad de hegemonía y política de poder en las relaciones internacionales están aumentando. La paz y el desarrollo a que tan ardientemente aspira la humanidad, aún encaran graves desafíos…”

Intervención del ex Canciller chino Qian Qichen durante el Cuadragésimo Octavo Período de Sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, 29 de septiembre de 1993.

Las premonitorias palabras de ex Canciller chino Qian Qichen en Naciones Unidas en 1993 repercuten hasta hoy por su potente actualidad. Luego de más de tres décadas de aquel diagnóstico, la acumulación de tensiones geopolíticas, comerciales, financieras y militares ponen en entredicho la tan esperada paz y estabilidad global de la pos Guerra Fría, en la que predominaban utopías como “el fin de la Historia”. Hoy, el realismo político expuesto en guerras que parecen no tener fin y solapadas reivindicaciones territoriales muestra con crudeza la vigencia de principios hobessianos aplicados al (des)orden internacional, muy lejos de la paz perpetua kantiana.

Como entonces, pero con mayor intensidad, las apelaciones al multilateralismo activo y vinculante suelen caer en el vacío bajo el peso de tragedias como la guerra ruso-ucraniana, el conflicto palestino-israelí, las tensiones en el Mar de China Meridional, los periódicos combates fronterizos entre India y Pakistán o la atemorizante amenaza sobre empleo de armas nucleares para lograr la –ilusoria– victoria territorial. Incluso América del Sur parece no poder escapar de estas lógicas destructivas, al emerger rencillas territoriales acalladas por décadas. Claro indicador del cambio de época es el incremento récord del gasto militar mundial que, según el SIPRI, ascendió en 2024 a 2,7 billones de dólares. Dolorosa contradicción: en una era de auge de la inteligencia artificial (IA), el ser humano parece derivar hacia decisiones instintivas e irracionales propias de la prehistoria y dar cauce expedito a la diplomacia militar antes que a la negociación que desescale tensiones.

En el epicentro de estas tensiones globales se encuentra el enfrentamiento estratégico entre China y Estados Unidos, cuya sombra cubre todo rincón del planeta, sea terrestre, insular o marítimo. Un conflicto que se dirime en varios frentes simultáneamente, pero principalmente en Asia del Pacífico y el Índico, con Estados Unidos intentando “contener” a China mediante una combinación de presiones económicas, sanciones comerciales, alianzas defensivas y poderío militar.

CAPACIDADES RENOVADAS

Pero, ¿acaso la China de hoy es la misma con la que Trump confrontó durante su primera presidencia, entre 2017 y 2020? La respuesta es no. Una China resiliente se muestra cada vez más desafiante ante las presiones estadounidenses al contar con renovadas capacidades adquiridas durante la última década en lo comercial, financiero, tecnológico, militar e incluso cultural (poder blando). Una China desafiante solidifica su rígida postura ante Estados Unidos, amparada además por su alianza con Rusia. ¿Cómo lo ha logrado? En lo comercial, China previó la emergencia de presiones proteccionistas globales y por ello modificó sus drivers de crecimiento con el fin de atenuar impactos en el sector externo, pudo sortear las medidas punitivas impuestas durante la primera presidencia de Trump y, pandemia mediante, reconfiguró cadenas logísticas, impulsó la robotización industrial y confirmó objetivos sobre desarrollo tecnológico endógeno previstos en el Plan “Made in China 2025”. Si bien a menores tasas y con una caída en 2020 (debido a la pandemia), la economía experimenta un crecimiento sostenido (5,2% previsto para 2025) impulsada por la reducción de tasas de interés, planes gubernamentales de estímulo al consumo interno, rebaja de impuestos y ordenamiento del sistema financiero en las sombras que puso en jaque al sector inmobiliario.

El aumento del poder adquisitivo de la población estimula el consumo interno traccionado por la creciente clase media, especialmente en sectores como el turismo, la educación y la salud, ubicando a China como el mayor mercado de consumo del mundo en términos de paridad de poder adquisitivo (PPA). Pese a las sanciones internacionales, China es el primer productor de automóviles del mundo superando en diseño, tecnología y aplicaciones IA a las automotrices estadounidenses y europeas (produciría 30,2 millones de vehículos en 2025).

Asimismo, la suba de aranceles a partir de 2017 potenció aumentos en la competitividad, lo cual permitió reorientar y aumentar los intercambios comerciales. En el año 2000, el comercio exterior de Estados Unidos ascendió a 2 billones de dólares, más de cuatro veces los 474.000 millones de dólares de China; durante dicho período el comercio de Estados Unidos creció un 167% mientras que el de China un 1.200%. Como resultado, en 2024, el comercio exterior de Estados Unidos totalizó 5,3 billones de dólares contra 6,2 billones para China. Una lectura sobre sus principales socios comerciales confirma lo dicho, en 2016 eran la UE, Estados Unidos, Hong Kong, Japón, Corea del Sur, Taiwán y Australia. En 2024, la UE perdió la primera posición y Estados Unidos ocupó el primer lugar (comercio global de 688.000 millones), seguido por Corea del Sur, Japón, Taiwán, Vietnam, Rusia (principalmente petróleo y gas), Malasia, Australia, Alemania y Brasil (188.200 millones), país que se está convirtiendo en el “granero” de una China que intenta diversificar riesgos de provisión agroalimentaria. Según estadísticas de la Aduana de China, en 2024 el 50,3% del comercio exterior tuvo por destino y origen a países miembros de la Iniciativa de la Franja y la Ruta (Belt and Road Initiative, BRI). Indicadores que contradicen tendencias a la desglobalización.

AUTONOMÍA TECNOLÓGICA

En el plano tecnológico, China avanza a velocidad hipersónica. Beijing se ha fijado el objetivo de convertirse en una potencia espacial líder para 2045, con planes de largo plazo que incluyen enviar naves espaciales tripuladas a la Luna para 2030 y desarrollar transbordadores espaciales de propulsión nuclear para 2040. Encabezando la carrera china hacia la supremacía espacial se encuentra un grupo de empresas estatales como China Aerospace Science and Technology Corp (CASC) y China Aerospace Science and Industry Corp (CASIC), junto con miles de start-ups que aportan innovaciones apoyadas en clusters de alta tecnología distribuidos en ciudades como Shenzhen, Chongqing, Xian o Beijing. Otros frentes de avance comprenden seguridad ciudadana, transporte, gestión de servicios públicos, redes 5G, computación en la nube, big data e IA. Una cuestión que se entrelaza con el dilema sobre Taiwán por estar vinculada a la producción de semiconductores: alrededor del 90% de los chips más avanzados del mundo se fabrican en la isla reclamada por China. Como resultado de esta situación, las sanciones y prohibiciones estadounidenses sobre exportaciones de tecnologías avanzadas para sus industrias reafirmaron la convicción de profundizar la “autonomía tecnológica” en este campo por parte de la dirigencia china.

De mantenerse estas tendencias, China se encamina a convertirse en el principal centro mundial de fabricación de semiconductores para el año 2030. Completa el cuadro de avances el proyecto sobre Grupo de Redes Satelitales; de propiedad estatal, esta empresa que imita a Starlink, prevé lanzar hasta 2029 aproximadamente 26.000 satélites que formarán una constelación de Internet a nivel mundial, iniciativa también conocida como la “Ruta de la Seda Espacial”, cerrando aún más las brechas existentes con Estados Unidos. Grafica lo dicho un estudio del Australian Strategic Policy Institute, que revela el cambio en el liderazgo de la investigación durante las últimas dos décadas, en gran medida impulsado por los avances de China.

DESDOLARIZACIÓN Y DESCOLONIZACIÓN

Otro frente de ataque de la actual administración estadounidense son las pretensiones chinas de aumentar la posición internacional del yuan. En 2010, la participación del dólar estadounidense en los ingresos y pagos externos de China superó el 80%, pero en 2023 cayó por debajo del 50%.

Por tales motivos, luego de la última Cumbre de los Brics celebrada en Río de Janeiro, Trump amenazó con imponer aranceles a sus países miembros, cuyos líderes debatieron sobre “la desdolarización, la descolonización, el comercio y la inversión en monedas locales, y cómo crear un orden global más multipolar”. Sin embargo, los miembros persisten en crear alternativas al dólar estadounidense como moneda de reserva global y, en tal sentido, la presidente del Nuevo Banco de Desarrollo (NDB), Dilma Rousseff, afirmó que la institución promueve financiación en monedas locales.

La caída en las preferencias de compra de bonos del tesoro estadounidense por parte de las economías de los BRICS también refleja los intentos de delink con el dólar; reafirman estas tendencias los acuerdos swap firmados por bancos chinos con economías en desarrollo y la prioridad que China otorga a intercambios comerciales y préstamos en yuanes a sus socios en la BRI.

Finalmente, en el plano militar, China aumenta anualmente su poder nuclear, la armada china es la mayor del mundo -lo que contribuye a respaldar sus reivindicaciones territoriales en el Mar de China Meridional y el Indo-Pacífico- y ha logrado casi equiparar el poder aeroespacial estadounidense, poniendo en dudas su real capacidad de garantizar la paz en el Pacífico Asiático y el Indo Pacífico.

CONCLUSIONES

La China actual asume decisiones habiendo aprendido lecciones no sólo de la Guerra Fría, sino también de la evolución del poder estadounidense, cuya declinación considera inexorable. Por lo tanto, ante la pregunta de hacia dónde va China, las palabras pronunciadas por el canciller Wang Yi durante la 61ª Conferencia de seguridad de Múnich, en febrero de 2025, brindan algunas pistas. En la ocasión, siguiendo la línea de su predecesor Qian Qichen, planteó: “El mundo en el que vivimos está atravesando transformaciones y turbulencias más profundas. Mucha gente se pregunta: ¿Hacia dónde va el mundo? Quizás podría tomar prestado el título del Informe de Seguridad de Múnich de este año. Se avanza hacia la multipolaridad. Cuando se fundaron hace 80 años, las Naciones Unidas contaban con sólo 51 Estados miembros. Hoy, 193 países están a bordo del mismo barco gigante. Un mundo multipolar no es sólo una necesidad histórica. Esto también se está convirtiendo en una realidad”.

Tal vez, la administración Trump debiera leer mejor los mensajes y discursos chinos para verificar que el mundo ha cambiado y China mucho más: la nueva correlación de fuerzas evidencia una China más asertiva, confiada y resiliente ante las presiones externas.

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