Artículo online - Publicado el 03-12-21

Debates

INTEGRAR LA IGUALDAD DE GÉNERO EN LA GESTIÓN DE RIESGOS DE DESASTRES

Por Constanza Schmipp
Consultora del Banco Mundial en Gestión de Riesgos de Desastres y Cofundadora de RIGEN, colectiva feminista que trabaja la gestión del riesgo de desastre con enfoque de género. Ha trabajado para organizaciones de países de África y de América Central

La Gestión de Riesgos de Desastres (GRD) es un proceso social cuyo fin es prevenir, reducir y controlar permanente de los factores de riesgo en la sociedad. Este objetivo se concreta con la existencia de condiciones de mayor seguridad y resiliencia en la población.

Hace algunos años, los desastres se consideraban eventos repentinos cuya severidad o nivel de daño estaba determinada de forma exclusiva por el evento que los desencadenaba. Existía una confusión entre el evento físico detonante (como puede ser un huracán, la erupción de un volcán, un virus o la caída de una lluvia estrepitosa) y el desastre, que es determinado por la vulnerabilidad de la comunidad afectada y su capacidad de reaccionar.

Actualmente el foco ya no se pone únicamente sobre el evento físico. Las condiciones sociales y económicas de la comunidad son factores determinantes en el escenario de riesgo de nuestras comunidades. Un huracán que impacta un arrecife de coral o una tormenta en el medio del mar no constituyen un desastre. Hablamos siempre de desastres cuando existe una comunidad afectada.

Tanto el riesgo como los desastres son construcciones sociales. No son sucesos de la naturaleza ni castigos divinos contra los que no podemos combatir. Los desastres son problemas aún no resueltos del desarrollo sobre los que debemos trabajar. Entonces, cuando se origina un desastre, queda en evidencia la deuda política y social de la cual debemos hacernos cargo. Es a través de las políticas públicas donde podemos prevenir estos escenarios.

Las políticas públicas de desarrollo urbano, las políticas económicas inclusivas y los programas sociales pueden reducir la vulnerabilidad de las comunidades. Por ejemplo, la urbanización acelerada y sin planificación conlleva la localización de una gran cantidad de personas en condición de pobreza y exclusión social en lugares inseguros, creando permanentemente nuevos escenarios de riesgo.

Es importante asimilar que la naturaleza no castiga y que los desastres no son eventos imposibles de prevenir y manejar. Siempre hay que tener en cuenta que la principal causa de estos desastres es la desigualdad estructural de un sistema económico que no es equitativo. Entonces no hay un fatalismo predeterminado. Por el contrario, la dimensión de los impactos es responsabilidad de la gobernanza.

Idealmente los gobiernos y las comunidades deben planificar y ejecutar acciones de intervención de las condiciones de riesgo mediante estrategias de desarrollo seguro. Los instrumentos de la gestión del desarrollo son asimismo los elementos claves de la GRD, por ejemplo, los planes de desarrollo, de ordenamiento territorial, de planificación urbana y rural, la inversión pública, entre otros.

La reducción del riesgo requiere un tratamiento político y social priorizado en la agenda pública. Este compromiso involucra responsabilidades compartidas entre los actores del desarrollo y los gobiernos deben liderar las acciones estratégicas urgentes.

En un mundo desigual, las consecuencias son desiguales

Si bien una amenaza puede manifestarse con la misma intensidad en un territorio sus impactos son diferenciados. Por ejemplo, no es lo mismo enfrentar un sismo de igual intensidad en una casa de adobe que en una construcción antisísmica. El evento físico afecta a la comunidad según sus condiciones preexistentes.

De la misma forma, el mismo evento resultará diferente para todas las personas que cuentan con diferentes condiciones económicas, sociales, de género, etnia o edad. Diferentes organismos internacionales como la Organización Internacional del Trabajo (OIT), o La Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción de Riesgos de Desastres (UNDRR), coinciden en que las mujeres han sido en muchos eventos las principales perjudicadas durante un desastre.

El análisis de riesgo y la elaboración de sus acciones futuras requieren entender que el tejido social no es homogéneo, sino que deberá tener en cuenta cada una de las particularidades y diferenciaciones de acuerdo a su condición. Esta diferencia es llamada vulnerabilidad diferenciada.

La interseccionalidad es la estrategia feminista que puede utilizarse para visibilizar y trabajar las vulnerabilidades diferenciadas. La implementación de este enfoque en los procesos de GRD puede generar progresos en todas las líneas de acción organizacional. En los procesos de gobernanza permite abordar de manera integral la causalidad del riesgo e identificar las brechas que estructuran las desigualdades más profundas.

En la mayoría de casos los análisis de riesgo a escala local no representan adecuadamente las diferentes formas en las que se expresa la vulnerabilidad. Entonces, la falta de conocimiento preciso sobre las condiciones específicas de las personas dentro de la comunidad reduce la calidad de las intervenciones que se hacen en términos de la prevención, la preparación y la respuesta. Lo que no se conoce bien no se puede resolver bien.

Las causas que configuran el riesgo no solamente están basadas en condiciones de exclusión, en la falta de acceso a oportunidades y condiciones sociales y económicas en deterioro, sino que esas mismas causas son diferenciadas para las mujeres.

Los gobiernos tienen la responsabilidad de alcanzar, proteger y empoderar a las mujeres y niñas por igual. A su vez, es responsabilidad de todas las personas romper con los estereotipos de género y reconocer las capacidades de las mujeres con el objetivo de impulsar procesos que fomenten la equidad.

En el caso particular de las mujeres, estos son algunos de los factores de desigualdad que enfrentan cuando hablamos de vulnerabilidad diferenciada en la GRD:

● Menores ingresos económicos. La brecha digital, el limitado acceso a la educación, a recursos financieros como créditos, ahorros o pensiones, o el escaso acceso a la tierra, el agua y a equipos y tecnologías. Todos estos ejemplos impactan directamente en la capacidad de las mujeres de responder de forma robusta en el caso que tengan que enfrentar una situación de emergencia.

● Embarazo, parto y lactancia durante la emergencia sin debida atención. Las mujeres tienen necesidades específicas no sólo en términos de sus roles sociales, sino también porque el embarazo, la lactancia y la menstruación aumentan la necesidad de intervenciones especializadas. Este se hace visible particularmente en la atención de albergues y refugios, donde también se hace necesaria la sensibilización para responder a las necesidades de personas LGBTIQ+

● Riesgo de violencia basada en género. Las probabilidades de que una mujer sea víctima de la violencia doméstica o sexual aumentan durante y después de un desastre.

● Acceso limitado a las estructuras de poder y toma de decisiones en el hogar, la comunidad y las instituciones políticas. La falta de participación de las mujeres en los lugares de toma de decisiones implica que queden por fuera del circuito de prevención del riesgo y que sus necesidades específicas no sean tenidas en cuenta.

Siempre es el momento de invertir y gestionar mejores procesos preventivos y resilientes. Nunca es tarde y este puede ser el momento de hacer los cambios necesarios para ubicar adecuadamente la inversión publica y cerrar las brechas de genero preexistentes. La acción efectiva puede ser determinante para evitar un próximo desastre.

A su vez, un proceso eficiente para reducir el riesgo de desastres tiene que ser necesariamente participativo, elevando el papel activo de actores y actrices, lideres y lideresas locales en el análisis, la formulación, el diseño de estrategias, toma de decisiones e implementación de las medidas que se requieran para ello. Esto involucra también a los niños, las niñas, las personas adultas mayores y las personas con discapacidad.

La aplicación de programas que sean sensibles a al género pueden contribuir a cuestionar los prejuicios más arraigados hacia las mujeres. Por el contrario, si las mujeres y las niñas se quedan fuera de la planificación para casos de desastre o de las medidas de reducción de riesgos, se estará desaprovechando su talento, habilidades y conocimientos y será menos probable lograr sociedades más equitativas.

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