Revista N° 74 - 2025

Debates

LA ESTRATEGIA RPC

Por Sergio Cesarin
Coordinador del Centro de Estudios sobre Asia del Pacífico e India (CEAPI, UNTREF) - CONICET.

Contra la estrategia de Estados Unidos de recuperar posiciones en América Latina por medio de intimidaciones y zanahorias, China aplica una estrategia de posicionamiento regional de largo plazo sustentada en una tríada de principios: resistencia-resiliencia, persistencia y continuidad.

La inserción de China, su asertiva presencia y creciente influencia en América Latina y el Caribe (ALC), se sustenta sobre una tríada de principios de acción convergentes, simultáneos y sinérgicos que guían –y sostendrán– su posicionamiento a nivel regional; ellos forman parte de una estrategia RPC.

En primer lugar, Resistencia-resiliencia (R): pese a los cambios políticos, la inestabilidad macro y micro económica y la alternancia de gobiernos de derecha e izquierda en ALC que en mayor o menor medida simpatizan con la nación regida por el Partido Comunista Chino, el país asiático ha definido una estrategia  de largo plazo hacia la región con metas y objetivos claros que han sido progresivamente alcanzados. (véase el Documento sobre la política de China hacia América Latina y el Caribe, Ministerio de Relaciones Exteriores, 2016).

La resiliencia puede ser entendida como la capacidad proveniente del cálculo estratégico contra las maniobras tácticas (políticas, diplomáticas, oficiales, no oficiales, reciprocidad económica) dirigidas a contener o contrarrestar su presencia regional por parte de sucesivos gobiernos estadounidenses, que perciben la “amenaza china” como determinante para la pérdida de espacios de influencia propios. Actualmente, la consolidación de la influyente posición de China en ALC, gracias al despliegue de una diplomacia público-privada multidimensional y multinivel, ha provocado la retracción de la capacidad estadounidense de intervención directa en procesos políticos y económicos domésticos y regionales, poniendo a prueba su capacidad de coaligar intereses, sostener alianzas y unir voluntades en contra del avance chino. La imagen de la “amenaza  china” ha encontrado barreras no sólo en el pragmatismo de gobiernos latinoamericanos, en gran medida resultante de residuales empatías ideológicas, conveniencias económicas, interés financiero y necesidad de inversiones, sino también, en la fortaleza de un soft power que convalida a nivel social una imagen positiva sobre el rol que China desempeña en nuestros países.

Por el contrario, los “espacios vacíos” –como los llamara Hernán Gutiérrez Bermedo– dejados por la diplomacia estadounidense abrieron la puerta a una China que entendió perfectamente la ventana de oportunidades que un Estados Unidos comprometido en escenarios bélicos (Irak, Afganistán) ofrecía para el despliegue de su renovado poderío e influencia en la región. La seducción ejercida por el “modelo chino de crecimiento” en las elites políticas, líderes  empresariales,  intelectuales  y actores subnacionales, consolidaron la posición de China como socio comercial regional (si bien detrás de Europa y los mismos Estados Unidos) y afianzaron su reconocimiento como potencia emergente en fase histórica de restauración del preeminente rol que durante siglos desempeñara en asuntos regionales y globales.

La Persistencia (P) es indicativa de la funcionalidad que ALC adquiere en la consecución de los objetivos nacionales sobre desarrollo económico, integridad territorial, expansión económica y proyección cultural. Para China, ALC es una región que contribuye al proceso de construcción de su poder global, suma apoyos a sus pretensiones de mayor status internacional y es relevante para el despliegue de operaciones por parte de sus empresas estatales o privadas en sectores industriales, de servicios y tecnológicas (telecomunicaciones, energías renovables, sector aeroespacial, economía digital, electromovilidad, biotecnología, etcétera).

ALC es también una plataforma en la que China despliega capacidades político-diplomáticas de cooperación y articulación multilateral interregional, por ejemplo, mediante el diálogo China-CELAC, buscando generar consensos que retroalimenten dinámicas vinculares bilaterales.

Y Continuidad (C): si las dos dimensiones antes citadas destacan trayectorias del pasado y presente, esta tercera dimensión intenta aportar certezas hacia el futuro. En tal sentido, las presunciones dominantes a nivel regional indican que China persistirá, profundizará y sostendrá su presencia regional ajustando planes, adecuando acciones y objetivos a cambiantes circunstancias regionales, intra e interestatales; la “diplomacia del bambú” implica oscilar, pero siempre a partir de un rango fijo de intereses y metas a lograr por parte de China.

EL GARROTE O LA ZANAHORIA

Como parte de un ajedrez global, ALC reproduce hoy el escenario de tensiones globales entre Estados Unidos y China. En este sentido, interactúan varios factores.

Por un lado, una estrategia fallida por parte de Estados Unidos que intenta convencer de la inconveniencia de sostener alianzas o vínculos estrechos con China; sin embargo, escasas son las señales de efectivas contraprestaciones. Por el contrario, el nuevo ciclo republicano encabezado por Donald  Trump  prioriza la “diplomacia de intimidación” (aranceles, empleo de la fuerza militar) por sobre la moderación y el diálogo vinculantes; las presiones sobre Panamá son un claro ejemplo. Estas oscilaciones del poder estadounidense abren brechas en países latinoamericanos que perciben en China un socio más confiable que les permite diversificar relaciones económicas externas; mientras Washington impone restricciones comerciales, China reafirma la apertura de sus mercados a las exportaciones regionales y confirma compromisos de inversión en ALC.

Por otro lado, se suma a lo dicho la puesta en seguridad de la agenda de Estados Unidos para la región (narcotráfico, migraciones  irregulares, tráfico de personas, armas, piratería, ciberseguridad), que condiciona, aún más, la reconstrucción de la confianza con el hegemón hemisférico.

En tercer lugar, a la retórica y las presiones estadounidenses se contrapone una narrativa sabiamente construida por China sobre su rol regional. La visión  propuesta por China destaca sus aspiraciones por construir un “nuevo tipo de relaciones internacionales” (新型国际关系) y una “comunidad de destino compartido para la humanidad” (人类命运共同体); principios dialécticos ante pretensiones sobre desacoplamiento económico, quiebre de alianzas (con  Europa-OTAN) y discursos que entronizan posturas unilaterales y proteccionistas por parte de Estados Unidos. Una narrativa china que reafirma compromisos sobre desarrollo compartido, en el marco de una civilización ecológica que busca ajustar metas sobre desarrollo a la preservación del ecosistema global, confronta con el negacionismo estadounidense en una región pletórica de riquezas naturales.

A la retórica y las presiones estadounidenses se contrapone una narrativa sabiamente construida por China sobre su rol regional.

Por último, a las críticas estadounidenses sobre la influencia de China en ALC, se anteponen los proyectos de infraestructura, en su mayoría concretados bajo el amparo de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, concebidos para integrar mercados internos, intra y extrarregionales, por ejemplo, el puerto de Chancay en Perú (véase Enrique Dussel Peters, Monitor de la OFDI china en ALC 2025).

Hacia el futuro, los planes elaborados por corporaciones estatales y privadas chinas señalan nuevas oportunidades en economía verde (green economy), infraestructura digital, vehículos eléctricos, energías renovables, minería, petróleo,  shale  gas, telecomunicaciones, fintech, e-commerce, IA, entre otros). En síntesis, aún prima el consenso a nivel regional respecto de que con China es posible conseguir beneficios de manera expeditiva, como créditos, inversiones en tecnologías y acceso a su mercado, factores determinantes en la orientación de preferencias por parte de gobiernos, empresarios y actores económicos influyentes en la toma de decisiones sobre política exterior y relaciones económicas internacionales.

MAGA VS. MCSA

A lo largo de tres décadas, China ha entretejido una red de vinculaciones público-privadas (spider diplomacy), que lejos de apoyarse en un enfoque de “suma cero”, como pretende Estados Unidos, se ha de mantener y ampliar hacia el futuro. ALC es y será importante en los intentos de China por revertir una alicaída economía cuyo crecimiento se estima en 4,6% para 2025 (FMI). En este orden, ALC aporta mercados caracterizados por altos niveles de urbanización y activas clases medias de consumidores, además de opciones abiertas por reducción o eliminación de barreras arancelarias y no arancelarias, resultado de acuerdos preferenciales de comercio.

El enfoque binario que intenta hacer nuevamente grande a Estados Unidos empequeñeciendo a China no parece tener un destino exitoso en América Latina y el Caribe.

La pericia con la que actúa la diplomacia china ha sabido explotar antiguas relaciones entre partidos políticos, seducir intelectuales, cooptar la voluntad de hombres de negocios y abrir oportunidades para actores subnacionales (provincias, municipios, prefecturas), que permiten consolidar vínculos cooperativos y alientan la radicación de inversiones, la implementación de programas sobre formación profesional y los intercambios comerciales.

En síntesis, desde la perspectiva RPC, el enfoque binario que intenta hacer nuevamente grande a Estados Unidos (Make America Great Again) empequeñeciendo a China (Make China Small Again) no parece tener un destino exitoso en América Latina y el Caribe; por el contrario, de persistir la diplomacia de presión e intimidación, el horizonte de una China potencia mundial en 2049 seguirá siendo atractivo para el diseño de estrategias externas de relacionamiento por parte de los países latinoamericanos.

 

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