Revista N° 51 - 2009
DebatesEl propósito del artículo es comprender la influencia del Evangelismo en la vida política de Estados Unidos. El análisis parte de los orígenes cristianos de la textura nacional de los norteamericanos y llega hasta el presente evaluando la presencia política de las distintas ramas e iglesias del protestantismo.
Aunque las trece colonias iniciales son hoy solo una parte del inmenso territorio, la instalación en la costa que se extiende desde Nueva Inglaterra hasta Georgia tardó un siglo y medio (de 1578 a 1732). En ellas, desde el principio predominó casi absolutamente el protestantismo en sus diversas confesiones. Aparte de la Iglesia Anglicana, religión oficial, se instalaron los congregacionistas, presbiterianos, luteranos, bautistas y algunas sectas más radicales como los cuáqueros. En general primaron los puritanos congregacionistas en Nueva Inglaterra y los anglicanos en el sur y algunas partes de Nueva York.
La historia de todas esas ramas es compleja y detallarla ahora atentaría contra el propósito propuesto, por lo cual solo he de señalar dos movimientos que tuvieron trascendencia fundamental en el alma de la nación.
The Great Awakening fue el primer movimiento que, a mediados del siglo XVIII, cubrió por primera vez todos los lugares adonde había llegado la extensión de las colonias. Comenzó en Pensilvania y fue llevado hasta las áreas nuevas de frontera por el pastor Jonathan Edwards (1703-1758), de origen presbiteriano, que dio un nuevo colorido a la áspera y antigua doctrina calvinista de la Redención.
Él predicó que Dios no había elegido solo a algunos si no a todos, irradiando su bondad sobre cualquier hombre o mujer que, si la quería, recibiría su divinidad. Su doctrina fue expandiéndose por todas las colonias y, aunque Edwards fue un teólogo reconocido, sus discípulos y sucesores dieron a su exhortación un nuevo estilo menos doctrinario. Dieron también al evangelismo su denominación, que comprendía especialmente a metodistas y bautistas y, también, la primera de sus características una visión escatológica que envuelve a cada creyente en una empresa común de salvación no solo de su persona sino de toda la comunidad que habita la tierra.
Comenta Paul Jonson: “La revolución no se habría dado sin ese religioso fundamento”. La esencial diferencia entre la Revolución Francesa y la Revolución Norteamericana es que esta fue un evento religioso mientras que aquella fue uno antirreligioso.
A esa primera ola religiosa que sirvió de base a la independencia le sucedió otra (The Second Great Awakening), casi un siglo después, que impuso en la religión norteamericana la impronta democrática e igualitaria que aun caracteriza a su sociedad.
La nueva ola, de origen metodista, se originó después de la independencia, a principios del siglo XIX. Fue enteramente popular; negaba el derecho de los clérigos a atribuirse autoridad por sí mismos. Tal perspectiva provino del valor de la interpretación que cada uno podía dar al Nuevo Testamento. La masa “vulgar”, marginada hasta entonces, rechazó los valores jerárquicos de las confesiones iniciales y su alianza con los federalistas Bajo las banderas de Andrew Jackson, el evangelismo “descubrió la capacidad de los seres humanos para desarrollarse constructivamente bajo las condiciones de la libertad”.
Su método de propagación fue el camp meeting iniciado por algunos grupos metodistas. Eran reuniones al aire libre en las que la gente acampaba, escuchaba música y expresaba su fervor por medio de cantos u otras expresiones de excitación.
Despertaron muchas críticas en las áreas tradicionales del protestantismo; pese a ello la gente común prefirió el camp meeting, con su turbulencia y todo lo demás. Fue un fenomenal éxito para el reclutamiento popular.
Los metodistas y los bautistas fueron las formas protestantes que canalizaron esta segunda revitalización religiosa. Sin perjuicio de ello, hubo desprendimientos importantes: los Adventistas del Séptimo Día o aquellos cuáqueros vegetarianos entre los cuales estaban John Kellog o Joseph Smith, el fundador de los mormones, y muchos otros.
Al principio fueron los metodistas los que crecieron más en ese medio de libertad y sobre todo de competencia. Ya no eran los fieles quienes buscaban las iglesias si no las iglesias que competían por ellos. Finalmente, los bautistas simplificaron el culto y pasaron a ser el credo protestante más numeroso.
La historia asigna también un resultado profundo al Second Great Awakenmg. Uno fue forjar una Norteamérica evangelista. Alrededor de 1850 el ochenta y cinco por ciento de los creyentes que frecuentaban la iglesia (church going) eran evangelistas de un credo u otro. El segundo, la impregnación religiosa de la política. Ser norteamericano era ser protestante. De ahí su recelo del catolicismo, al que atribuían subordinación al Vaticano, a quien tenían como enemigo, aliado de las monarquías.
Los puritanos trajeron una teología conformada por la reforma protestante. Los evangelistas crearon una Norteamérica conformada por las exigencias de la revolución y de la posrevolución, particularmente el rechazo de la jerarquía y de la tradición. Afuera quedó el énfasis calvinista de la elección espiritual y la predestinación; adentro, la preocupación de ser born again.
Tal crecimiento religioso, aunque común a gran parte de la población, quedó dividido por un eje importantísimo: la esclavitud y el color de la piel. Como se sabe, los estados del Norte, de Virginia hacia arriba, eran profundamente antiesclavistas y los del Sur consideraban la esclavitud absolutamente legítima. De manera que aun dentro de cada confesión existió una fuerte separación. Lo mismo ocurrió con la población negra, fundamentalmente bautista, que creó sus propias iglesias.
La guerra civil sacudió el panorama, pero no lo cambió profundamente. En el Sur, la religión protestante tomó la derrota como un castigo divino a su falta de fe. La guerra se había iniciado contra la hegemonía del Norte pensando que era una lucha por mantener su civilización cristiana, con su creencia en una Biblia literal y su entusiasmo por “revivals”. La derrota fue el castigo por su falta de fe. Los blancos se incorporaron en masa a los demócratas, cuya intervención en la guerra civil fue menor. Los negros, fieles a Lincoln, cuando podían votaban a los republicanos, lo que se mantuvo hasta la época de Roosevelt.
A pesar de la abolición de la esclavitud, la población negra mantuvo la separación religiosa hasta, particularmente, la predicación de Billy Graham y la protesta civil que dio espectacularidad a la no discriminación. Este singular pastor evangelista, político de primera clase, predicó el fin de la separación pero dentro de la ley, oponiéndose a los medios violentos de otros pastores, y estableció las bases del actual evangelismo, aun cuando este experimente ahora la influencia de comentaristas más exaltados.
En este panorama protestante, veamos la posición de la Iglesia Católica. Aunque presente en la colonización (fundó Maryland), actuó prácticamente en la clandestinidad ya que para el mundo protestante eran “los papistas”, sometidos a un orden jerárquico y hereje que era considerado el gran enemigo. En cierto momento los católicos fueron agredidos, tanto ellos personalmente como sus lugares de culto. La Iglesia Católica comenzó a crecer con la oleada de inmigrantes católicos irlandeses que no fueron bien acogidos por la mayoría de los habitantes. Luego, por las sucesivas olas de europeos provenientes de países cuya cultura era también católica. Para superar tal presión adversa, la Iglesia Católica debió emplear todas sus fuerzas intelectuales en polemizar con sus adversarios y emplear sus limitados recursos para absorber el número, siempre creciente, de fieles que venían con la inmigración proveniente de diversos países católicos. Tuvo así una mayor presencia entre los trabajadores manuales y en sus gremios. En 1947 no había un solo obispo cuyo padre o madre fuera graduado universitario.
Desde el comienzo sus feligreses se sintieron mucho más próximos al partido demócrata que al republicano. Después, dos factores disminuyeron esa preferencia absoluta y provocaron un mayor contacto con otras confesiones: el anticomunismo durante la Segunda Guerra y durante la Guerra Fría y la preocupación común por el secularismo creciente de los demócratas (como, por ejemplo, el aborto, la prohibición de las oraciones en las escuelas o los matrimonios entre homosexuales). En la elección presidencial de 2004 (Bush vs. Kerry) hubo una fuerte proporción de votos católicos para George W. Bush, que disminuyó perceptiblemente en la última campaña parlamentaria de 2008.
Por otra parte, en razón de que la Iglesia Católica requiere coherencia doctrinaria a sus sacerdotes, la orientación general es no mezclarse institucionalmente con lo oficial salvo en aquello que afecte principios esenciales. En cambio, los pastores protestantes actúan con mayor libertad y algunos de ellos llegan a formar a su alrededor las llamadas megachurches, con colegios, universidades y hasta parques de diversiones propios, fenómeno que no se da en la misma medida en el catolicismo norteamericano.
Hasta mediados del siglo pasado, el catolicismo creó una red de asistencia y educación de primera clase y despertó gran número de vocaciones. En la actualidad, sus instituciones, conservando algunos centros de pensamiento importantes, tienden a ser “eficientes” reduciendo su irradiación religiosa.
El evangelismo actual arrancó a mediados del siglo pasado sobre la base del bautismo sureño; podríamos decir que su Vaticano está en Nashville, Tennessee, sede de la Southern Baptist Convention.
Su denominación ha probado ser un término difícil de definir en los libros, y bordea lo espinoso en las discusiones propias de los seminarios. En términos muy generales, quienes profesan ese culto creen que todo hombre tiene la oportunidad de la salvación y que a esa convicción debe llegarse en edad madura: el bautismo no debe efectuarse antes. Después han de experimentar la necesidad de esparcir las Sagradas Escrituras. Otros estudiosos definen a un evangelista como alguien persuadido de que: a) la Biblia es la suprema autoridad en lo religioso; b) el creyente tiene una relación especial con Jesucristo y c) debe transformarse en activo difusor de la fe.
La Southern Baptist Convention proviene de una rama del antiguo bautismo inglés que pasó a las colonias americanas en el siglo XVI. En 1707 sus iglesias se agruparon en la Philadelphia Baptist Convention. Como los fieles del sur aceptaban la legitimidad de la esclavitud, crearon desde antes de la guerra de secesión su propia organización, separada de la del norte.
Como todas las iglesias cristianas, el evangelismo tuvo que pasar por el trauma de la moderna evidencia científica. El centro de discusión fue Darwin con su Evolución de las Especies. El encontronazo de los evangelistas tuvo características espectaculares. En 1925, el famoso Scopes Monkey Trial los ridiculizó, conjuntamente con otros hechos tales como la “ley seca” introducida temporalmente en la Constitución Nacional. Después del juicio pasaron disciplinadamente a cuarteles de invierno y retomaron vigor a partir de los años 40.
Un grupo de pastores creó la National Association of Evangelicals. Uno de ellos publicó unos años después Easy Conscience and Modern Fundamentalism; de ahí le quedó la denominación de fundamentalistas, que se confunde con los sectores protestantes que no aceptan la modernidad; algo así como los católicos preconciliares. En ese sentido los evangelistas no son fundamentalistas. Cité ya a Billy Graham como su principal guía. Fue sucedido por otros, inspiradores de corrientes menos amplias. Finalmente, el pensamiento político de las diferentes iglesias que comulgan en sus ideas quedó centralizado en la Southern Baptist Convention.
No es posible dejar de mencionar al pentecostalismo que, a pesar de estar comprendido en el marco general del evangelismo, tiene aspectos propios. Es su certeza que los Últimos Días están llegando y que el Espíritu Santo entra ya en los mortales y les concede extraordinarios poderes, como el de lenguas o el de levitación. Coinciden con los demás evangelistas en la necesidad de una conversión en edad adulta (born again), en el bautismo recibido por inmersión, la interpretación directa de la Palabra y la necesidad de esparcirla por todo el mundo. Junto con el evangelismo, es el credo protestante de mayor crecimiento proporcional en los últimos años.
Los evangelistas recién tuvieron presencia en la vida política en los años 60 y 70, pero la fueron aumentando durante el período de Nixon, que habló de la “silent majority”. Después participaron activa y eficazmente en la elección de Jimmy Carter, de quien terminaron distanciándose. Se incorporaron resueltamente al republicanismo en la presidencia de Reagan. Aunque ni Bush padre ni Clinton se declararon “born again”, tuvieron muy en cuenta el poder electoral de estos, tanto que el primero mantuvo como vicepresidente a un oscuro senador, Danforth Quayle, como garantía de su contacto con las Iglesias del Sur. Bush hijo sí se declaró como tal y los tuvo tan presentes que un conocido escritor proveniente del partido republicano, aunque ahora alejado de él, Kevin Philips, calificó su gobierno de ser una “American Theocracy”.
El Evangelismo se popularizó con el uso efectivo de los medios electrónicos de comunicación masiva. Nuevos pastores actuaron en la radio y la televisión y arrastraron a muchísimas personas. A su alrededor formaron megachurches con vida propia, disminuyendo la influencia de las iglesias locales. Pero su credo se fue haciendo más laxo, menos riguroso, si bien con orientación política conservadora, se hablaba de la moral majoríty.
Políticamente se expresan como antiabortistas, opuestos a los matrimonios entre homosexuales, a la investigación biológica de las células madres, a la enseñanza pública de la evolución como única verdad científica y no como una teoría más, ignorando aquellas que explican el universo como constante obra de un poder superior inteligente. En lo internacional, apoyan vigorosamente a Israel.
Si tenemos en cuenta el resultado económico de la administración de Bush hijo y la critica que levantó su política internacional, el hecho de que el partido republicano obtuviera casi el cuarenta y siete por ciento de los votos en la elección del año pasado demuestra que mantiene, a pesar de todo, mucha consistencia y que el voto evangelista seguirá siendo importante.
Insisto en que, a diferencia de la estructura jerárquica de la Iglesia Católica Romana, la independencia de cada pastor le facilita actuar por sí en la acción proselitista o política. Ello les permite extender los límites de su prédica.
En la última elección no quedaron enteramente satisfechos con la candidatura de Mc Cain, de cuya integridad republicana los grupos evangelistas desconfiaban aun cuando respetaban su patriotismo e integridad. En las primarias, sostuvieron hasta el último momento a Mike Huckabee, un ex gobernador de Arkansas y ex predicador evangelista. Después, aclamaron la elección de Sarah Palin como candidata a la vicepresidencia.
No se podría hablar de un voto católico si no de votos de los católicos, ya que la Iglesia no participa en las contiendas electorales en los Estados Unidos. Los fieles generalmente se han inclinado por los candidatos demócratas, pero también se dispersan y muchos son republicanos activos. En cambio, hay por ahora un voto evangelista compacto.
Esto último es sorprendente porque el evangelismo está fraccionado en innumerables Iglesias. El centro de estadística del Pew Forum sobre religión les asigna el veintiséis coma tres por ciento de la población norteamericana, pero repartido entre setenta y tres diferentes Iglesias. Los católicos cubren el veintitrés coma nueve por ciento, es decir, como confesión cristiana única es la mayor. Las que han disminuido en número son las Iglesias que integran la llamada Main Une, que otrora fueron los credos principales: metodistas, luteranos, presbiterianos, episcopalianos y congresionales a los que el Pew Forum atribuye en total el dieciocho coma uno por ciento de la población. La Iglesia católica mantiene su posición gracias a la inmigración llamada latina, cuyos dos tercios le pertenecen; el restante es evangelista. Es importante conocer que alrededor del setenta por ciento de los hispánicos en Norteamérica son católicos, pero crece entre ellos el número de evangelistas, muchos de ellos atraídos por el pentecostalismo. También crece el catolicismo pero, paradójicamente, decrece el número de vocaciones sacerdotales. Entre los católicos hispanos aumentan significativamente los “carismáticos”, que comparten algunas creencias con el pentecostalismo. En total, ese es un grupo social que tiende, pero no más, al partido demócrata; en el fondo, es independiente.
La iglesia mormona, sobre la que no hay consenso sobre si se la califica como cristiana, aumenta mucho sus fieles y es integralmente republicana.
Lo nuevo, que empieza a contar en las estadísticas, son los musulmanes (hay ya dos diputados) y los budistas, que aún no tienen representación. También fue elegido un ateo aunque, según The Economist (18 de julio de 2009), llegan al ocho por ciento del total de la población.
Corno se ha dicho, todos los autores coinciden en que aportaron hasta el cuarenta por ciento de los votos republicanos. Generalmente los expertos se remiten a las estadísticas que suministra el Pew Center, una institución fundada por el señor Pew, uno de los principales accionistas de la petrolera Continental.
La ganancia más grande de Obama se observó respecto de aquellos no afiliados a ninguna iglesia en particular. Más de un tercio de los votos emitidos por los llamados latinos católicos fue para Obama.

Otro índice interesante es la religión de los miembros del Congreso elegido en el año 2005.

Como pieza política religiosa el presidente es difícil de ubicar en el esquema.
La familia de su casi desconocido padre es musulmana de Kenia; su madre era atea y su padrastro, muy influyente en él hasta los diez años, era musulmán de Indonesia. Podríamos decir que al término de su primer grado universitario en Columbia (en ciencias) él era agnóstico, más deseoso de hacer carrera política que profesional.
En 1985 fue contratado para actuar como community organizer en Chicago, actividad difícil de definir. Se trataba de una especie de ONG unipersonal que procuraba unir blancos y negros en un programa común destinado a preservar los puestos de trabajo industriales. Tal actividad acrecentó su negritud; Obama quedó muy impresionado por los sermones del pastor Louis Farrakham, actor negro que encabezaba una asociación islámica en los Estados Unidos. Después de cuatro años ingresó a Harvard y recibió su título de abogado.
Durante su accionar en Chicago como community organizer, optó por bautizarse en la Trinity United Church of Christ on the South Side. En general, la creencia de la United Church en conjunto es una combinación de congregacionismo y presbistenanismo pero con gran liberalidad de credo para cada iglesia adherente. En el caso de la elegida por Obama, los fieles eran negros y el pastor se había colocado en una posición de extrema agresividad racial. Como se recordará, su prédica puso en apuros al actual presidente durante la campaña.
En una palabra, en materia religiosa Obama es tan difícil de ubicar como en tantas otras; lo único claro es que no es evangelista .
Los antecedentes y las circunstancias expuestos permiten arriesgar las siguientes conclusiones:
• Las elecciones de medio periodo del año 2006 y las presidenciales del 2008 muestran una perceptible pérdida de fuerza electoral tanto para el partido republicano como para su gran componente evangelista. Ello no implica necesariamente la disminución del ímpetu que poseen sus diferentes iglesias. La reducción de poder electoral parece haber aumentado la rigidez política de republicanos y evangelistas, haciendo más difícil la sanción de leyes de interés general
• La predicción lógica que se desprende del hecho anterior es que el partido demócrata seguirá siendo el mayoritario; para las elecciones presidenciales del 2012 tendría como candidato natural a su actual presidente. Esto no ocurrirá con los republicanos, entre los cuales no se avizora la personalidad que pueda aglutinar y conmocionar a sus muy diferentes corrientes.
Sin embargo, debido a los cambios de la demografía norteamericana y a que las diferencias doctrinarias entre republicanos y demócratas son menos pronunciadas, aumenta la fuerza pública de sectores sociales diferenciados que hasta ahora no han podido salir del esquema bipartidista.
En la última elección se ha visto que el peso propio de votantes jóvenes definió la elección de Obama sobre Hillary Clinton. De la presencia singular de los anglicanos se ha tratado aquí. Otros observadores encuentran que, a medida que se habitúe a la práctica electoral, el conjunto de hispanos del Oeste se hará totalmente independiente y cuidará primordialmente de sus intereses.
Son estas posiciones centrífugas que cambian la lógica tradicional centrípeta, aludida en el punto precedente. En la elección de legisladores de noviembre del año próximo se podrán ver más claras las tendencias que predominarán en las presidenciales de 2012.