Revista N° 74 - 2025

Actualidad Internacional

UNA MIRADA DESDE LOS FLUJOS COMERCIALES

Por Ignacio Bartesaghi
Director del Instituto de Negocios Internacionales de la Universidad Católica del Uruguay. Doctor en Relaciones Internacionales y Coordinador del Eje de Economía, Comercio e Inversión de la Red China y América Latina (REDCAEM).

La postergación de la firma de un acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea sumó un nuevo traspié a una larga historia de negociaciones inconclusas, que comenzó en 1995. Analizado desde el punto de vista de los flujos comerciales, el comercio entre ambos bloques se encuentra lejos de sus picos máximos y podría beneficiarse de nuevos impulsos. Pero en un contexto global conflictivo, su aspecto geopolítico podría incluso superar el interés comercial.

Las relaciones entre el Mercosur y la Unión Europea (UE) dieron sus primeros pasos con la firma del Acuerdo Marco Interregional de Cooperación firmado en el año 1995, que se enmarca en las reacciones de los países europeos al acercamiento de Estados Unidos con los países del bloque sudamericano en el año 1991 con la firma del Acuerdo 4+1, también conocido como Acuerdo del Jardín de las Rosas. Además, debe tenerse en cuenta el lanzamiento del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) en 1994 por parte de Estados Unidos, que terminó de definir a los países europeos sobre la necesidad de contar con un vínculo más próximo con el Mercosur.

En 1999 se desarrolló la primera reunión de jefes de Estado y de Gobierno entre la UE y el Mercosur y la apertura de una negociación recién ocurrió, técnicamente, con la realización de la primera ronda de negociaciones, en el año 2000. Entre 2000 y 2004 se avanzó de forma sustancial, incluso con la posibilidad de cerrar un acuerdo en este último año, que finalmente fue descartado. En ese período, ya estaban Luiz Inácio Lula da Silva en el poder en Brasil y Néstor Kirchner en Argentina, dos presidentes que no apoyaban la apertura comercial con Estados Unidos (a través del ALCA) ni con la UE. Luego de varios años sin avances, en 2010 se relanzaron las negociaciones que estuvieron activas hasta 2013, sin resultados de consideración. No fue hasta 2016 que comenzó una etapa con mayores posibilidades de avanzar, con Michel Temer en la presidencia de Brasil y con el especial apoyo del presidente Mauricio Macri al Acuerdo, uno de los pilares de su política externa en Argentina. Luego de más de veinte años de negociaciones, en 2019 se llegó al cierre técnico, que después enfrentó otro cambio de contexto internacional (la pandemia) y regional (la aprobación del Pacto Verde) que obligó a revisar el texto acordado. Tras la incorporación de nuevas disposiciones ambientales y de las renegociaciones de otros compromisos en diversos capítulos, se llegó a un nuevo acuerdo en diciembre de 2024 en la Cumbre del Mercosur de Montevideo, que contó con la presencia de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. El acuerdo alcanzado en Montevideo fue denominado UE – Mercosur Partnership Agreement y ya ha sido publicado. Desde esa fecha comenzó el proceso de negociación y traducción para avanzar en la firma, lo que se especula podría ocurrir en noviembre de 2025.

La asunción de Trump y el lanzamiento de una guerra comercial con sus principales socios (que seguramente afectará a Europa), sumados a una crisis del multilateralismo (con niveles máximos de medidas proteccionistas) y de valores, llevaron al definitivo apoyo de la UE para alcanzar el cierre del acuerdo, más allá del veto pretendido por Francia.

Independientemente del debate sobre el proteccionismo agrícola europeo, claramente ejemplificado por los posicionamientos de Francia y Polonia, entre otros, lo cierto es que las propias dinámicas europeas han afectado el interés en la región durante el largo período de negociación, hasta que progresivamente se aceptó desde las dos partes, pero especialmente desde la UE, la importancia geopolítica que tendría dicho acuerdo.

Los cambios de contexto también afectaron al Mercosur, un proceso de integración constituido en 1991, que, si bien mostró dinamismo en su etapa inicial, con la conformación de una zona de libre comercio (más allá de las excepciones) que favoreció el aumento del comercio intrarregional, un desarrollo institucional y la progresiva apertura con los países de la región, pronto y, como ocurrió en la UE, tuvo también que enfrentar algunas crisis estructurales. En este caso es de especial importancia la crisis económica regional desatada a partir de la devaluación de la moneda brasileña en 1999, que generó un quiebre definitivo en el cumplimento de los objetivos originarios del bloque.

Debe reconocerse asimismo la falta de interés mostrado por Brasil y Argentina en la apertura con Europa, en especial en el sector industrial. Aún en la actualidad, constituyen dos de las economías más proteccionistas del planeta, que hasta la última instancia de la negociación buscaron medidas defensivas (por ejemplo, en el sector automotor).

Por otro lado, la explosión de China en el comercio mundial desde su ingreso a la Organización Mundial del Comercio en 2001, concentró de forma exponencial el comercio de los miembros del Mercosur (con la excepción de Paraguay que cuenta con relaciones diplomáticas con Taiwán). Además, los impactos positivos para la región derivados del aumento de los precios internacionales de los productos agrícolas, por un período de tiempo, no generaron incentivos para la apertura comercial.

LOS FLUJOS DE COMERCIO

El comercio entre la UE y el Mercosur muestra la necesidad de un nuevo impulso, ya que aún no logra recuperar los picos máximos alcanzados en los primeros años del nuevo siglo. De hecho, la tendencia comenzó a cambiar desde 2008 en adelante, con oscilaciones, pero con un magro desempeño. De todas formas, se trata de un vínculo comercial en bienes que alcanzó alrededor de 120 mil millones de dólares en el año 2023.

No fue hasta después de la pandemia que los flujos comerciales comenzaron a mostrar un nuevo crecimiento. Atendiendo a la importancia del Mercosur para la UE, se trata de una relación naturalmente asimétrica, siendo el bloque sudamericano cada vez menos importante en las importaciones y exportaciones globales de la UE (menos del 1% en los dos casos).

El comercio entre la UE y el Mercosur muestra la necesidad de un nuevo impulso, ya que aún no logra recuperar los picos máximos alcanzados en los primeros años del nuevo siglo.

Si se atiende a los flujos comerciales a nivel de producto, el comercio entre los dos bloques es complementario y se encuentra bastante concentrado, exportando la UE principalmente productos industriales y el Mercosur productos agrícolas, con la excepción en los dos casos de los intercambios de combustibles minerales. El principal producto colocado por la UE al Mercosur fueron las máquinas y herramientas (20,1% del total colocado en el bloque en 2023). Entre los principales productos exportados al Mercosur se destacan los medicamentos, que aumentaron considerablemente su participación entre 2004 y 2023, lo que también ocurrió con los combustibles minerales en el mismo período.

En el caso de las importaciones de la UE desde el Mercosur, se destacan los productos primarios, en primer lugar, los combustibles minerales, que en 2023 explicaron cerca del 20% de las importaciones. Le siguen los residuos de las industrias alimentarias y los minerales, explicando 11,7% y 8,8% respectivamente en el mismo año. La carne, uno de los productos que generó mayor polémica en las negociaciones (se definió una cuota de 90.000 toneladas para el Mercosur), explicó en 2023 el 3,2% del total importado por la UE de ese producto, una participación que incluso disminuyó si se la compara con 2004.

CONCLUSIONES

El cierre del acuerdo Mercosur-Unión Europea alcanzado en 2024 es una enorme oportunidad para que las dos partes profundicen su relación en un convulsionado contexto internacional. Las ventajas comerciales del acuerdo son de relevancia, con mejoras concretas de acceso para los dos bloques, tanto en bienes como en servicios. Asimismo, otras regulaciones de comercio favorecen la realización de los negocios entre las partes. Desde el punto de vista geopolítico y geoeconómico, el cierre del acuerdo es visto como una alianza entre Europa y el principal bloque de América Latina.

El cierre del acuerdo Mercosur-UE en 2024 es una enorme oportunidad para que las dos partes profundicen su relación en un convulsionado contexto internacional.

La puesta en vigor (aunque sea provisional) daría un nuevo dinamismo a la relación y favorecería la diversificación comercial entre los miembros, abriendo también oportunidades en el comercio de servicios y las inversiones. Para el Mercosur, sería un paso hacia la recuperación de la credibilidad, además de impactar positivamente en otras negociaciones del bloque, ya sea las que están estancadas o las que se han anunciado como potenciales.

En un contexto internacional marcado por las polémicas definiciones tomadas por la administración Trump, como la guerra comercial o el cuestionamiento a la Alianza Atlántica, la UE le otorga a este acuerdo un componente geopolítico que podría incluso superar el interés comercial.

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