Revista N° 74 - 2025
DebatesDe manera aún imperceptible, la humanidad se adentra en una nueva era de su historia, marcada por la fuerte caída de las tasas de natalidad, estructuras familiares novedosas, el envejecimiento de la población y el despoblamiento generalizado. ¿Cuál es la situación en Argentina? ¿Qué oportunidades y desafíos representa?
Los hechos: en la Argentina, la reducción de los niveles de fecundidad por debajo del nivel de remplazo, fijado a partir de una tasa global de fecundidad (TGF) de 2,1 hijos promedio por mujer, se produce desde finales de la década 2010. En 2018, la Argentina se ubica por primera vez por debajo del nivel de reemplazo, y su TGF de 2019 resulta incluso menor a la de 2018 (1,9 hijos por mujer). Por su parte, los años de esperanza de vida al nacer para la población total ya superan los 75 años en el período 2008-2010. El envejecimiento demo- gráfico, medido a partir del incremento de la proporción de la población de 65 años y más respecto del total, se confirma a partir de los datos del último censo nacional de población implementado en 2022: 11,9% de la población censada forma parte de ese gran grupo de edad, manteniendo la tendencia en aumento respecto de los valores de censos previos.
Sin embargo, la población de la Argentina todavía cuenta con una mayor proporción de población en edad potencialmente activa (entre 15 y 64 años) que menores de 15 años y población de 65 años o más, fenómeno que se conoce con el nombre de “bono demográfico” y que representaría una ventana de oportunidad de corto plazo, ya que se considera se extenderá hasta mediados de la década de 2040 aproximadamente. Ello, desde el punto de vista teórico, y es necesario recalcar este último término, debería hacer conocer los beneficios de un aumento de la productividad (incremento de la producción de bienes y servicios), una mayor capacidad de generar ahorro (las familias con menos población pasiva o dependiente adoptarían ese criterio) y también mayor consumo impulsado por la demanda interna. Sin embargo, para que estos aspectos de índole teórica se expresen en la realidad se requiere que, desde el punto de vista económico, esta población activa cuente con determinadas condiciones, como por ejemplo pleno empleo, empleo formal, ingresos adecuados, elevado poder adquisitivo… De no darse estas condiciones económicas, la sola existencia de una determinada realidad demográfica, ofrecida por la mayor proporción de población activa respecto de la población pasiva, no actuaría con efecto de causalidad.
Las hipótesis a futuro: en el largo plazo en la Argentina, de mantenerse constante o incluso de agudizarse la reducción del número de hijos nacidos vivos tenidos por cada mujer también se conocerá una realidad en la que el total de las muertes superen al de los nacimientos en cada año calendario, tal como ya está ocurriendo hoy en día en las poblaciones de Asia del Este, como por ejemplo las de China, Japón, Corea del Sur y Taiwán, ocasionando la reducción en el tamaño de la población.
El desafío: el énfasis en la formación del capital humano como alternativa ineludible. Sin embargo, la disminución de la tasa de fecundidad y la posibilidad de un hipotético despoblamiento a largo plazo incluso en la Argentina presenta un aspecto escasamente explorado que ameritaría pasar de considerarse un problema para convertirse en un desafío. Y he aquí cómo la demografía viene en ayuda de la planificación, de las políticas, como, por ejemplo, la posibilidad de repensar, en función de esta cambiante realidad, no sólo la cobertura, sino, en particular, el contenido del sistema educativo con el objetivo de formar una población joven con profusas habilidades que prioricen su desarrollo profesional.
Según esta mirada alternativa, la disminución del número de nacimientos presentaría un aspecto un tanto positivo al considerar la posibilidad que este fenómeno brindaría para la reasignación de recursos. Por ejemplo, si pensamos que la disminución de la cantidad de nacimientos redundaría en un menor número de inversiones requeridas para dedicar a la construcción de nuevas escuelas, ese presupuesto remanente podría utilizarse en mejorar otros aspectos de la educación de nivel primario, de manera de favorecer su calidad y su eficacia.
Simultáneamente, al asegurar el nuevo perfil de habilidades de los niños, niñas y adolescentes, el debate sobre la disminución de las tasas de fecundidad por debajo del nivel de remplazo, el consecuente despoblamiento y su impacto en la economía podría abordarse de manera integral en el ámbito de la educación superior. Las universidades podrían desempeñar un papel crucial en la investigación y el análisis de datos demográficos, formando a los futuros profesionales en áreas clave como la economía, la demografía, la salud pública y la planificación urbana, entre otras. El ámbito de la educación superior ofrecería una plataforma ideal para debatir y abordar el desafío demográfico que ya estamos viviendo, proporcionando investigación, formación y propuestas que puedan ayudar a maximizar los beneficios y mitigar los desafíos.